Martes, Julio 07, 2020
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Debilidad humana y fragilidad del planeta ante el Covid-19

 "¡vanidad de vanidades, todo vanidad!  ¿Qué saca el hombre y la mujer, de toda la fatiga con que se afana bajo el sol” Ecl 1,2

 Por: René Arturo Flores*

Este texto de la época griega en el Antiguo Testamento, de la Biblia, es una burla a la vanidad en la cual los humanos nos basamos muchas veces. Este sistema neoliberal, que busca generar riqueza sobre riqueza, convirtiendo todo en mercancía, ha estructurado la globalización de la económica, cultura y política. Al mismo tiempo, ha globalizado la explotación y contaminación del planeta, haciendo que el extractivismo sea el modelo de producción; se ha globalizado las guerras y los enemigos. La globalización, con su sistema de producción, ha acrecentado las causas del cambio climático. La producción de desechos ha globalizado la contaminación, tocando el lugar sagrado de la creación: el océano.

Este sistema, ha globalizado el espectáculo haciendo que sea necesario y vital en la sociedad, como lo es: la “liga de campeones”, los espectáculos de artistas, las ligas de baloncesto, de béisbol y futbol americano en los EEUU, la “liga española”, entre otros; todo esto unido a la propaganda de “marcas” reconocidas de utensilios deportivos, cosméticos, bebidas y comidas “rápidas”. Toda esta estructura del espectáculo, gira alrededor del consumo, donde “el deporte y el arte” se han vuelto mercancía.

La globalización de la tecnología, se ha constituido en un tipo de “eslabón” que une todo y lo globaliza todo, como es el internet, con sus redes sociales (que de sociales tienen poco) y la telefonía celular, la cual se ha vuelto imprescindible en la vida, casi insustituible, absolutamente necesaria, que ni las religiones y grupos más fundamentalistas se han librado de este medio comunicador. El internet, con sus herramientas nos ha atrapado, que nos ha vuelto, consumidores cotidianos.

Este sistema globalizado, ha producido inequidad, hambre, insensibilidad, alienación, homogeneidad cultural, consumismo desacerbado. También, ha generado personas individuales con más riqueza que una nación, aumento de empobrecidos y personas indigentes. La violencia del crimen organizado se ha globalizado, así, como la violencia familiar, los femicidios y asesinatos a los defensores y defensoras de DDHH y la CASA COMÙN. La migración forzada crece en todo el mundo, y aumenta la trata de personas. Estos últimos años se han globalizado virus.

La globalización, no se trata de ideología, nada más; suponiendo, que Carlos Marx estuviera hoy, se asombraría, que esta globalización se volvió “opio” del mundo, trastocando todo el tejido social y político, tanto los de “izquierda” como los de “derecha”.

Es tiempo de volver a lo esencial de lo humano, eso que nos es propio, que nos impulsa a relacionarnos con los otros, a estar vinculados, generando encuentros que nos dan vida. Esta crisis mundial que muestra lo frágil de nuestra especie, nos, pone de frente a lo frágil del planeta; la misma debilidad que tenemos los humanos ante el coronavirus, es la misma del planeta con nuestra contaminación globalizada. Se muere la madre tierra, nos morimos con ella.

Desde nuestra fe cristiana, toda la creación es la primera Palabra de Dios, antes que los libros de la Biblia. En este bello misterio de amor, el humano es imagen y semejanza del Dios Creador, cada humano es criatura, y es divinidad, imagen de Dios, tanto, hombre y mujer, llevan la impronta de la libertad, el amor y la inteligencia creadora del mismo Dios Creador. Volver a lo humano, es volver a lo esencial divino que nos habita, es entrar en sintonía con lo que nos plenifica, y al mismo tiempo, nos vincula con otros, que son iguales de frágiles, bellos y amantes de la vida dada por el Creador.

 

*Salvadoreño, Licenciado en Teología. Con estudios de Postgrado en Investigación y Políticas Educativas y en Estudios Franciscanos Superiores. Miembro de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC).