Viernes, Mayo 29, 2020
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La paz como camino de esperanza: Diálogo, reconciliación y conversión ecológica

"Construir la paz con justicia, es cuidar la Vida de todos los que habitamos este planeta; requiere restablecer la equidad social; cuidar la calidad de vida de los ciudadanos, partiendo de la verdad y restablecimiento de la justicia en favor de las víctimas, cuido de los más frágiles y débiles de la sociedad; integración de la diversidad pensamientos e ideologías, respeto a los DDHH de la comunidad de LGTEBI; valoración y respeto de los Derechos de los pueblos indígenas y sus territorios...".

Por: René Arturo Flores*


Este es el título que le dio el papa Francisco al mensaje, de la 53 jornada mundial de la paz, 2020[1]. Hay que caer en la cuenta que son 53 años, que los papas, dan un mensaje que busca iluminar los caminos para la paz en esta humanidad, ¿qué nos dice estos mensajes, a los bautizados cristianos, discípulos y discípulas de Jesús?

Recuerdo que en la arquidiócesis de Tegucigalpa, Honduras, se realiza cada inicio del año, una jornada de reflexión sobre el mensaje de paz, donde es obligatorio que las parroquias envíen representantes a dicha jornada, en la cual, el principal tema lo desarrolla el arzobispo y cardenal, todavía en funciones, Oscar Rodríguez.

Surgen algunas interrogantes al respecto, ¿porqué, se vuelve obligatorio para las comunidades parroquiales que envíen cristianos a “reflexionar” sobre la paz?, ¿es que a los cristianos ya no les interesa o no les dice nada, la bienaventuranza de ser constructores de paz, de tener hambre de justicia?, ¿o es que la animación y liderazgo de los pastores no provoca dicha hambre y sed de paz con justicia, que transforme los sistemas y estructuras injustas?

Esta situación que se da en la arquidiócesis de Tegucigalpa, es un pequeño ejemplo de muchas diócesis y parroquias, donde, a los cristianos no demostramos interés por ser artífices de paz. Además, el caso de Honduras, es todavía más cuestionante para los cristianos católicos, porque se ha establecido una dictadura bajo el manto del bipartidismo y la legislatura establecida por los diputados; se vive, un Estado de desprotección, donde la violencia impera en todos las áreas de la vida, el empobrecimiento de los hogares está en aumento, y el presupuesto de la nación, debilita el área de la salud y educación, engrandeciendo el aporte a los militares; además, sumado a lo represión, criminalización de la protesta social, unido, a la persecución y asesinato de los defensores y defensoras de DDHH y del ambiente todo esto, provoca migración forzada de miles de hondureños.

Ante esta realidad, ¿cuál, es el actuar como artesanos de la paz y la justicia, de cada cristiano seguidor de Jesús, en especial de los lideres laicos, de los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas?

Si vemos la realidad de El Salvador y Guatemala, donde la violencia se da en las calles, en los hogares, en las instituciones y comercio, provocada por el crimen organizado, que actúa impune en muchos casos, en especial los femicidios; se vive una situación que lleva a tener miedo, sentir inseguridad, estar en permanente desconfianza y creer que el otro es un enemigo.

La otra violencia establecida es a toda la Creación, debido a nuestro impulso consumista, y con más responsabilidad, a los empresarios que promueven los megos proyectos (que amañan el estudio del impacto ambiental y la falta de consulta ciudadana); de esta situación una de las principales afectaciones se da, en la calidad del agua, por la contaminación, además, de bajar el acceso a la misma, en las grandes mayorías; estos mega proyectos extactivistas y urbanistas, están destruyendo la biodiversidad y ecosistemas, depredando esta CASA COMÙN, por tanto, disminuyendo la calidad de vida.

En estos países, donde los gobiernos de los EEUU, han puesto las armas y los pueblos los muertos, la migración forzada es el pan de cada día, destruyendo el tejido social en los hogares y familias; los migrantes de los países del llamado “Triángulo Norte”, se encuentran con la violación de sus derechos como migrantes, además, del repudio xenofóbico que ha establecido el gobierno de Trump, que ha fortalecido la represión militar, el “muro”, y los acuerdos políticos que provocan que el estado violente los derechos del ciudadano que migra (con la propuesta de ser “tercer país seguro”).

Otro país afectado de esta región, es Nicaragua, el clamor por la represión del régimen dictatorial, es un grito que llega hasta el cielo, donde la cuota de vidas y delitos contra los DDHH, cometido por el Estado, es un gran desafío a los constructores de paz con justicia, a cada ciudadano que busca la democracia y la paz, para los discípulos y discípulas de Jesús.

Resaltamos algunas palabras del mensaje del papa Francisco, para este nuevo año 2020, esperando que nos iluminen e inspiren a construir la paz con justicia. Esto dice el mensaje:

“Esperar en la paz es una actitud humana que contiene una tensión existencial…la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables”.

“Naciones enteras se afanan también por liberarse de las cadenas de la explotación y de la corrupción”; “sabemos que la guerra a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesión y la voluntad de dominio”.

“nuestro mundo vive la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible diálogo”.

“La desconfianza y el miedo aumentan la fragilidad de las relaciones y el riesgo de violencia, en un círculo vicioso que nunca puede conducir a una relación de paz”.

“«No podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno»…La memoria es, aún más, el horizonte de la esperanza”.

“El mundo no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación…El conocimiento y la estima por los demás también pueden crecer en la escucha mutua, hasta el punto de reconocer en el enemigo el rostro de un hermano”.

“Por tanto, el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza”.

“En un Estado de derecho, la democracia puede ser un paradigma significativo de este proceso, si se basa en la justicia y en el compromiso de salvaguardar los derechos de cada uno, especialmente si es débil o marginado”.

“La brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades sociales y la negativa a utilizar las herramientas para el desarrollo humano integral ponen en peligro la búsqueda del bien común…La Iglesia participa plenamente en la búsqueda de un orden justo, y continúa sirviendo al bien común y alimentando la esperanza de paz”.

“Aprender a vivir en el perdón aumenta nuestra capacidad de convertirnos en mujeres y hombres de paz”.

“Lo que afirmamos de la paz en el ámbito social vale también en lo político y económico, puesto que la cuestión de la paz impregna todas las dimensiones de la vida comunitaria: nunca habrá una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema económico más justo”.

“La conversión ecológica a la que apelamos nos lleva a tener una nueva mirada sobre la vida, considerando la generosidad del Creador que nos dio la tierra y que nos recuerda la alegre sobriedad de compartir. Esta conversión debe entenderse de manera integral, como una transformación de las relaciones que tenemos con nuestros hermanos y hermanas, con los otros seres vivos, con la creación en su variedad tan rica, con el Creador que es el origen de toda vida”.

“El miedo es a menudo una fuente de conflicto…La cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza”.

“Que María, Madre del Príncipe de la paz y Madre de todos los pueblos de la tierra, nos acompañe y nos sostenga en el camino de la reconciliación, paso a paso”.

Construir la paz con justicia, es cuidar la Vida de todos los que habitamos este planeta; requiere restablecer la equidad social; cuidar la calidad de vida de los ciudadanos, partiendo de la verdad y restablecimiento de la justicia en favor de las víctimas, cuido de los más frágiles y débiles de la sociedad; integración de la diversidad pensamientos e ideologías, respeto a los DDHH de la comunidad de LGTEBI; valoración y respeto de los Derechos de los pueblos indígenas y sus territorios; buscando desarticular el crimen organizado y la corrupción en las instituciones del Estado; respetando la libertad e integridad de expresión; reestructurando el presupuesto de la nación, priorizando la salud y educación pública; combatiendo la impunidad, protegiendo la dignidad de la mujer y la niñez; en igualdad de género en lo referente a los espacios sociales, laborales y políticos; protegiendo los derechos y el recorrido de cada ciudadano que busca o se ve obligado a migrar, persiguiendo la trata de personas; teniendo como principio el Bien Común, antes que los intereses de las oligarquías o de la clase política; cuido y protección de los bienes naturales, del territorio y de toda la CASA COMÙN, defenderla del extractivismo genocida, cuidando el agua como un bien preciado y vital.

Buscando construir una sociedad más humana, que tiene en cuenta las nuevas generaciones.

La propuesta evangélica de Jesús, es humanística, y propone, una espiritualidad política transformadora e integradora de la CASA COMÙN, donde los últimos son los primeros, y los primeros los últimos.

*Salvadoreño, Licenciado en Teología. Con estudios de Postgrado en Investigación y Políticas Educativas y en Estudios Franciscanos Superiores. Miembro de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC). 

 

NOTAS   

[1] Recuperado 30-12-19. http://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/papa-francesco_20191208_messaggio-53giornatamondiale-pace2020.html