Sábado, Enero 25, 2020
Follow Us
El agua, el territorio y cada criatura, desafía nuestra vocación cristiana

Siguiendo con la reflexión del Sínodo de la Amazonia, en la región de América Latina, se busca construir la Iglesia, desde una espiritualidad de la Creación, que se basa en la propuesta de la “ecología integral”, y que está, en permanente diálogo con los pueblos originarios, esto significa, “dar nuevas respuestas buscando modelos de desarrollo justo y solidario” (#65); el Sínodo de la Amazonía, propone para ello, algunos desafíos.

Por: René Arturo Flores*

Un primer desafío, es retomar la propuesta de la ecología integral de la “Laudato Sì”, que resalta que todo en la Creación está relacionado, en una interdependencia, en una interconexión vital; por eso, el papa Francisco, resalta que un planteamiento social incluye el ambiental, es decir, lo que tiene que ver con la sociedad y sus estructuras, están directamente relacionado con todas las criaturas y sus ecosistemas; la dependencia es más notorio, entre el deterioro ambiental y el empobrecimiento de las mayorías.

Esta relación dependiente, entre los pueblos con sus territorios, se ve afectada por los conflictos que traen las empresas extractivas, por sus consecuencias depredadoras, explotadoras y contaminantes, dividiendo al pueblo, que “viene acompañada del derramamiento de sangre inocente y de la criminalización de los defensores” (#66-68). Esto toca directamente la misión de la Iglesia, “por eso la defensa y promoción de los derechos humanos no es meramente un deber político o una tarea social, sino también y sobre todo una exigencia de fe” (#70).

El otro desafío, es enfrentar el actual modelo de desarrollo económico basado en el mercado; al mismo tiempo, proponer, un modelo justo, sostenible y equitativo. En la Iglesia, no se aprueba, un modelo económico que, “arrancan la vida de los pueblos y los bienes comunes de la tierra, concentrando poder económico y político en manos de pocos. Peor aún, muchos de estos proyectos destructivos se realizan en nombre del progreso, y son apoyados – o permitidos – por los gobiernos locales, nacionales y extranjeros” (#72).

Realmente es un reto grande para la Iglesia, desarrollar su misión en los territorios donde el extractivismo acecha, por eso en el sínodo, “proponemos generar alternativas de desarrollo ecológico integral desde las cosmovisiones que sean construidas con las comunidades, rescatando la sabiduría ancestral. Apoyamos proyectos que proponen una economía solidaria y sostenible, circular y ecológica, tanto a nivel local e internacional, a nivel de investigación y en el campo de acción, en los sectores formales e informales” (#73).

Ante estos desafíos, “a todos nos corresponde ser guardianes de la obra de Dios. Los protagonistas del cuidado, la protección y la defensa de los derechos de los pueblos y de los derechos de la naturaleza” (#74). Desarrollar la misión de Iglesia en tierras amenazadas, implica trabajo en alianzas, integración con la comunidad local y en especial ser una Iglesia que permite la plena participación de los actores, líderes y comunidades involucradas en la defensa y cuido de la Creación (cf. #75-77). Ante esta realidad, “la Iglesia opta por la defensa de la vida, de la tierra y de las culturas originarias amazónicas” (#78).

En América Latina, la Iglesia tiene la clara opción por los empobrecidos, desde allí realiza su construcción inspiradora y pastoral, de igual manera que, el cuido y defensa de la CASA COMUN, en este sentido, “la Iglesia ha estado y está al lado de las comunidades indígenas para salvaguadar el derecho a tener una vida propia y tranquila, respetando los valores de sus tradiciones, costumbres y culturas, la preservación de los ríos y bosques, que son espacios sagrados, fuente de vida y sabiduría. Apoyamos los esfuerzos de tantos que, de modo valiente, defienden la vida en todas sus formas y etapas” (#80). La Iglesia Latinoamericana, se ubica en estos momentos como abierta a los pueblos originarios, en actitud de aprendiz de su sabiduría, incluyente, propositiva en proyectos educativos y en alianza con las comunidades organizadas que defienden la dignidad de la vida y la CASA COMUN (cf. #81-84).

Un desafío a lo interno de la Iglesia, es aumentar su práctica sinodal, es decir, su capacidad de caminar juntos, buscando juntos alternativas que propicien la Vida, el bien común y la comunión como pueblos. Esta manera de proceder en la eclesiología de América Latina es un aspecto, “sine qua non”, para ser Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, comunidad de comunidades, Iglesia Madre; por tanto, el sínodo plantea, “para caminar juntos, la Iglesia de hoy necesita una conversión a la experiencia sinodal. Es necesario fortalecer una cultura de diálogo, de escucha recíproca, de discernimiento espiritual, de consenso y comunión para encontrar espacios y modos de decisión conjunta y responder a los desafíos pastorales…Urge caminar, proponer y asumir las responsabilidades para superar el clericalismo y las imposiciones arbitrarias.

La sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia” (#88). Sin el modelo sinodal, la Iglesia es una sistema y estructura despótica, dictatorial, piramidal opresora, patriarcal y contraria al imperativo evangélico, de ser de los “últimos” y de “servir a todos”. Esta práctica sinodal, requiere entrar en procesos de discernimientos, donde el Espíritu es el “Actor” principal, no tanto así, el poder absoluto jerárquico, que actúa sobre otro grupo de menor “rango o dignidad”: los laicos (cf. #89-90).

El retomar como Iglesia, esta práctica sinodal, nos vuelve a un sentido eclesial más auténtico; donde, se recupera el “sensus fidei de todo el Pueblo de Dios”, en un total sentido de corresponsabilidad y comunión; es volver, como lo planteo el Concilio Vaticano II, a creer, que el bautismo es la base del ser discípulos y discípulas de Jesús, a saberse enviados a una misión, donde cada bautizado ha recibido dones y ejerce ministerios al servicio del Cuerpo de Cristo, de toda la Comunidad creyente (cf. #93-98); “Es la Iglesia de hombres y mujeres bautizados que debemos consolidar promoviendo la ministerialidad y, sobre todo, la conciencia de la dignidad bautismal” (#95).

La mujer en su presencia y participación en el sínodo de la Amazonía, trajo conflicto desde su preparación, evidenciando el dominio y mentalidad patriarcal que existe en las estructuras eclesiales, obvio, somos una institución dirigida por hombres, por tanto, es difícil que no esté la visión machista, y hasta misógina, en las decisiones que se toman en cuanto participación, rol y presencia de la mujer. El documento del sínodo, nos ilumina con unos pequeños y tímidos planteamientos, con respecto a la presencia y liderazgos de la mujer en la Iglesia (cf. #99-103).

Algunos de estos planteamientos, fueron, “se pide que la voz de las mujeres sea oída, que ellas sean consultadas y participen en las tomas de decisiones y, de este modo, puedan contribuir con su sensibilidad para la sinodalidad eclesial…Es necesario que ella asuma con mayor fuerza su liderazgo en el seno de la Iglesia, y que ésta lo reconozca y promueva reforzando su participación en los consejos pastorales de parroquias y diócesis, o incluso en instancias de gobierno” (#101). Es importante resaltar, que a la Iglesia le preocupa la violencia ejercida hacia la mujer, tanto en la sociedad como en la Iglesia, esto denuncia la mentalidad machista y sistemas patriarcales que violentan y excluyen a la mujer como “Hija de Dios”, como “Discípula”, como humana creada a imagen de Dios (#102). El diaconado de la mujer, sugerido ya en ámbitos eclesiales en el 2016, no volvió a ser aceptado en este sínodo, aun cuando se dieron argumentos bíblicos, teológicos y pastorales, no pasó (cf. #103).

La misión de la Iglesia le exige, una formación científica, actualizada y contextualizada desde la inculturación, que aporte herramientas teóricas y líneas pastorales a los que están sirviendo y acompañando a los pueblos originarios y campesinos; esta exigencia es principalmente para los pastores (clero y obispos), que son parte de los servidores de la Buena Noticia del Reino de Dios en la realidad; de igual manera la vida religiosa tiene este desafío, unida, a todos los líderes y servidores que están en acompañando a los pueblos en sus territorios (cf.#97-98. 107-108). Sin procesos reales de inculturación, no se disciernen las “semillas del Verbo” en la realidad histórica, el territorio y sus pueblos. Este proceso de inculturación del mensaje del Reino de Dios, es igual para la celebración eucarística, donde la comunidad se encuentra en el banquete del Reino, sentados en equidad y dignidad de iguales con Jesús, en una celebración que se hace “cósmica” con toda la creación (cf.#109-111).

El sínodo planteó revisar, fortalecer y renovar las estructuras eclesiales de animación en la Amazonía, esto es válido para cualquier lugar (diócesis, parroquia), donde está presente la Iglesia ejerciendo su misión como Pueblo de Dios (cf.#112-115).

Un aspecto valioso que nos aporta este sínodo, es la reflexión y constatación de “ritos litúrgicos” propios en la Amazonía, esto tiene que ver con la inculturación, sin la cual no puede haber evangelización y celebración del “Verbo” en la historia (cf.#116-119); por eso, “la liturgia debe responder a la cultura para que sea fuente y culmen de la vida cristiana (cf. SC 10) y para que se sienta ligada a los sufrimientos y a las alegrías del pueblo. Debemos dar una respuesta auténticamente católica a la petición de las comunidades amazónicas de adaptar la liturgia valorando la cosmovisión, las tradiciones, los símbolos y los ritos originarios que incluyan dimensiones trascendentes, comunitarias y ecológicas” (#116).

El sínodo de la Amazonía, nos deja un sabor de esperanza, porque es una luz en las tinieblas internas de la Iglesia, un símbolo de esperanza ante la destrucción de la “madre tierra”, un paso en la comunión con los pueblos originarios, es reafirmar que el evangelio es encarnado, es creer en la igualdad del ser bautizados, donde hombres y mujeres en su ser discípulos misioneros, llevamos la Buena Noticia del Reino, a toda criatura y en toda esta CASA COMUN, que “está en ruinas”.

Hasta aquí, la tercerra reflexión, desde lo concluido en el Sínodo.

 **Salvadoreño, Licenciado en Teología. Con estudios de Postgrado en Investigación y Políticas Educativas y en Estudios Franciscanos Superiores. Miembro de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC).