Sábado, Enero 25, 2020
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“En la Amazonía el agua nos une, no nos separa”

Esta frase del sínodo de la Amazonía, es totalmente aplicable en El Salvador, ya que, por cuidar y defender “la hermana agua” del el país, nos encontramos en un proceso de unidad en los grupos organizados de la sociedad civil, y en las Iglesias cristianas: es, la realidad crítica de las aguas, la que, nos está uniendo como pueblo; en este sentido, la Conferencia Episcopal de El Salvador, tituló a su pronunciamiento de junio del 2018, “NO PERMITAMOS QUE LOS POBRES MUERAN DE SED”.

 Por: René Arturo Flores*

Retomemos algunos aspectos relevantes del Sínodo de la Amazonía, que nos iluminan, en el caminar como Iglesia Centroamérica. Una propuesta es a ser, “una Iglesia misionera en salida nos exige una conversión pastoral…ello supondrá una espiritualidad de la escucha y el anuncio” (#20). Este modo de espiritualidad de “la escucha y el anuncio”, propone algunas características eclesiales:

Ser una iglesia samaritana y encarnada, que se fundamenta en Jesús, “Él que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8,9), por medio de su Espíritu, exhorta a los discípulos misioneros de hoy a salir al encuentro de todos, especialmente de los pueblos originarios, los pobres, excluidos de la sociedad y los otros” (#22). Esto requiere encontrarse con la complejidad de la realidad y sus culturas, en un diálogo permanente con, “todas las personas de buena voluntad que buscan la defensa de la vida, la integridad de la creación, la paz, el bien común” (#23-24).

Otra característica novedosa, es que, “el diálogo interreligioso se lleva a cabo especialmente con las religiones indígenas y los cultos afrodescendientes. Estas tradiciones merecen ser conocidas, entendidas en sus propias expresiones y en su relación con el bosque y la madre tierra. Junto con ellos, los cristianos, basados en su fe en la Palabra de Dios, se ponen en diálogo, compartiendo sus vidas, sus preocupaciones, sus luchas, sus experiencias de Dios, para profundizar mutuamente su fe y actuar juntos en defensa de la “casa común”… El diálogo sincero y respetuoso es el puente hacia la construcción del ‘buen vivir’ ” (#25).

Es importante para nuestro camino en Centroamérica retomar, “una opción preferencial por los pueblos indígena” (cf.#27-37).

El camino de una conversión pastoral, “se sustenta en una espiritualidad que se basa en la escucha de la palabra de Dios y el grito de su pueblo, para después poder anunciar con espíritu profético la buena nueva. Reconocemos que la Iglesia que escucha el clamor del Espíritu en el grito de la Amazonía puede hacer suyos los gozos y las esperanzas, las tristezas y angustias de todos, pero especialmente de los más pobres (cf. GS 1)” (#38). No se puede anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, sino es desde el grito de los pueblos.

Siguiendo esta línea de una pastoral de encuentro cultural, este sínodo, planteo que, “nuestra conversión debe ser también cultural, hacernos al otro, aprender del otro. Estar presentes, respetar y reconocer sus valores, vivir y practicar la inculturación y la interculturalidad en nuestro anuncio de la Buena Noticia” (#41). Es importante tener una mirada de discípulos y discípulas, con sensibilidad ante la realidad del otro como diverso, con todo lo significativo que posee, con su novedad colectiva, por eso, “la Iglesia en la Amazonía es un rostro que se encarna en su territorio, que evangeliza y abre caminos para que los pueblos se sientan acompañados en diferentes procesos de vida evangélica” (#42).

Este sínodo, enfatizó que tenemos que aprender de los pueblos indígenas, eso implica abrir los ojos de la sensibilidad, que nos permita ver con el corazón; somos aprendices, por ser discípulos y discípulas, por es importante comprender que, “el pensamiento de los pueblos indígenas ofrece una visión integradora de la realidad, que es capaz de comprender las múltiples conexiones existentes entre todo lo creado. Esto contrasta con la corriente dominante del pensamiento occidental que tiende a fragmentar para entender la realidad, pero no logra volver a articular el conjunto de las relaciones entre los diversos campos de conocimiento… Encontramos además otros valores en los pueblos originarios como son la reciprocidad, solidaridad, el sentido comunitario, la igualdad, la familia, su organización social y el sentido de servicio” (#44).

La espiritualidad ecológica, se desarrolla en una pastoral que parte, del territorio y sus pueblos; este modo de ejercer la pastoral en América Latina,  conlleva conflictos, por el hecho de defender el territorio, la biodiversidad y los pueblos originarios, del extractivismo capitalista; por esta razón, “la Iglesia se compromete a ser aliada de los pueblos amazónicos para denunciar los atentados contra la vida de las comunidades indígenas, los proyectos que afectan al medio ambiente…

La presencia de la Iglesia entre las comunidades indígenas y tradicionales necesita esta conciencia de que la defensa de la tierra no tiene otra finalidad que la defensa de la vida” (#46). Cada vez más, la tierra donde habitan estos pueblos, “se ve amenazada por la destrucción, la explotación ambiental y la violación sistemática de sus derechos territoriales. Es preciso defender los derechos a la libre determinación, la demarcación de territorios y la consulta previa, libre e informada” (#47). La Iglesia, está clara de los acuerdos internacionales que resguardan los derechos de los pueblos originarios (Conv. 169 OIT, art. 1º); por eso le importa, “la defensa de la vida, la comunidad, la tierra y los derechos de los pueblos indígenas es un principio evangélico, en defensa de la dignidad humana: «He venido para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10b)” (#47-50).

La vivencia del misterio de Cristo, tiene la convicción de que, “la inculturación es la encarnación del Evangelio en las culturas autóctonas (“lo que no se asume no se redime”, San Ireneo, cf. Puebla 400)” (#51.54). Desde este modelo de inculturación, se reconoce que, “el colonialismo es la imposición de determinados modos de vivir de unos pueblos sobre otros, tanto económica, cultural o religiosamente. Rechazamos una evangelización de estilo colonialista. Anunciar la Buena Nueva de Jesús implica reconocer los gérmenes del Verbo ya presentes en las culturas” (#55). Esta postura crítica ante el modelo colonialista, nos tiene que llevar a revisar nuestras prácticas evangelizadoras, el modo de ejercer la autoridad eclesial y la manera de llevar el dinamismo en las presencias parroquiales. El Sínodo, propone tener en cuenta los ámbitos de la educación, la salud y las comunicaciones sociales, como aspectos importantes, en el proceso de una Iglesia que está en conversión cultural (cf. #58-64).

 

Hasta aquí, una segunda reflexión, desde lo concluido en el Sínodo.

**Salvadoreño, Licenciado en Teología. Con estudios de Postgrado en Investigación y Políticas Educativas y en Estudios Franciscanos Superiores. Miembro de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC).