Viernes, Noviembre 22, 2019
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Callar es ser cómplice

En redACCIÓHN, a pesar del corto tiempo de estar en la web, tenemos claro nuestro camino: contar historias. Y en este momento, donde la ciudadanía hace suyas las demandas de trabajadores y trabajadoras de la Salud y la Educación, y las acciones de protestas alcanzan ya los 60 días consecutivos, la represión policial y militar aumenta.

Junto a la protesta social están las agresiones contra manifestantes, la prensa, defensores y defensoras de los derechos humanos. Ser opositor u opositora a la ilegal reelección y puesta en el poder de Juan Orlando Hernández, es un crimen. Y este, impuesto desde fuerzas externas y refugiado bajo las barras y las estrellas estadounidenses, tiene una maquinaria de inteligencia, criminalización y muerte.

De acuerdo con cifras del Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH), entre la segunda semana de mayo y el 09 de junio, contabilizó 42 manifestaciones reprimidas por parte de las fuerzas policiales y militares en el país. El informe destaca más de 15 agresiones a periodistas y entre otras acciones de amenaza, coloca campañas de desprestigio a organizaciones y a quienes ejercen el derecho a defender derechos.

Lo decimos en los párrafos anteriores y lo reiteramos. Sí, la Policía Nacional, las fuerzas que integran la Dirección Nacional de Fuerzas Especiales (DNFE), sí, ellos, los que mantienen desde 48 horas una protesta exigiendo mejores tratos y reivindicaciones para sus beneficios, pero que al final de la página, cuando estampen sus firmas, la represión continuará.

El escenario de diciembre de 2017 nos recuerda lo que afirmamos. Entre los represores, agregamos a los "soldaditos" de plomo y saña, la Policía Militar de Orden público (PMOP).

Mientras tanto, las represiones se tiñen de sangre, sangre de jóvenes por hacer uso de su derecho humano a la libertad de expresión. Entre sus sueños queda una Honduras que reconozca su accionar, pero que las balas militares los acaban.

Los represores se amparan en escudos, armas y municiones, más costosas que equipar de medicamentos y material didáctico a la población sometida a precariedades, bajo gobiernos que no han logrado ver la necesidad de quienes los llevan al poder.

Si bien, hay una parte de la fuerza de seguridad pública en paro, siguen las capturas, disparos, represión y torturas contra quienes forjan la historia de un país que se resiste a vivir aprisionado tras barrotes, en el país de las cinco estrellas.