Viernes, Noviembre 22, 2019
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El retumbo de dos truenos

Cerca de las seis y treinta minutos cayó la noche, y con ella el telón de la obra de teatro más digna en la colonia Florencia, de San Pedro Sula. Una llovizna era el llanto impotente de quienes conocieron a dos personajes asesinados el 14 de enero de 1988.

Al atardecer, eran asesinados Miguel Ángel Pavón Salazar y Moisés Landaverde. Ambos maestros de educación media, el primero fungía como presidente regional del Comité Para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras (CODEH) y además diputado suplente ante el Congreso Nacional por el Partido Innovación y Unidad (PINU).

Landaverde, era conocido como un trabajador incansable del teatro en el país y dirigente magisterial afiliado al Colegio de Profesores de Educación Media de Honduras (COPEMH).

Sus ideales trascendieron más allá de sus actividades cotidianas. En el caso de Miguel Ángel Pavón, expresaba sus opiniones sobre temas de interés nacional, a través de su columna “Para el pueblo”, publicada Diario TIEMPO.

En los últimos seis meses en su espacio como columnista, Pavón rechazaba la injerencia de países poderosos en los asuntos del país. Anhelaba y llamaba a la construcción de la paz en tiempos de la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN), implementada por mandato estadounidense en su lucha contra los procesos de liberación en Centroamérica.

Moisés, desde sus aulas de clases hasta las universidades y sedes de organizaciones gremiales, se dedicaba al teatro. Sin dejar las reivindicaciones sociales, en aquel entonces, iniciando la lucha por el Estatuto del Docente Hondureño. Lo acompañaba un morral de “pita”, cargado de libros, apuntes, una que otra escena para contarla en las calles, en las sedes gremiales. Quienes conocieron y trabajaron a su par, dan fe de esto que representa “El primo Moisa”.

Dos vidas quedaron juntas en la inmortalidad, al calor de las balas asesinas de esa noche lluviosa de 1988. Incendiaron la antorcha del “Fuego Nuevo”, del que los Mayas esperan la llegada del futuro de mitad del tiempo y, seguro que estos DOS MAESTROS de los derechos humanos y el teatro popular, surgirá ese fuego, como gemelos de la dignidad, en la historia hondureña.

Hoy, al calor de un proceso de lucha que llevan -de la mano- trabajadores y trabajadoras de la Salud y la Educación, donde la represión hace gala desde los pasillos de Casa Presidencial o el resurgir de las cárceles clandestinas en el Congreso Nacional, en cada manifestación, en cada convocatoria, está el ejemplo de dos luchadores de la talla de Miguel Ángel y “Moisa”.

Pasadas estas tres décadas, hoy enfrentamos el asesinato de Jhony Alexander López, un líder magisterial en el departamento de Yoro. Las fieras de terror se mantienen intactas desde aquellos sangrientos años ochenta y en la actualidad.

En esta Honduras, que se asesinan comunicadores sociales por reaccionar ante la mentira corporativamente oficial, originada desde la casa del deshonor presidencial; allí donde se dicta la mentira gubernamental para volverla verdad. Por esto y porque se resisten a ser marionetas en la tragicomedia de la desgracia de nuestra patria. Por estas y mil razones que han vuelto a Honduras, es por así decirlo, patio trasero de los Estados Unidos de Norteamérica.

Hoy justamente, al atardecer esperamos la hora de la muerte de Miguel Ángel Pavón y de Moisés Landaverde. Esperando, decimos que a la hora exacta de la muerte, retumbe el rayo de la inmortalidad para estos hermanos que nos dejaron el soñar con una patria amorosa, humana, menos infame y bestial que ésta que nos han robado los asesinos de la esperanza.

Mañana, cuando el teatro sea eso, obra humana, y cuando los derechos humanos sean hermandad entre el lobo y los niños. Entonces y solamente entonces, sus nombres serán un amanecer perfecto. Entretanto, sus nombres Miguel Ángel Pavón y Moisés Landaverde son santo y seña que nos guiarán a la verdad.