Viernes, Mayo 29, 2020
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"El peor escenario" advertencia o desafío

El cantautor nicaragüense, Luis Enrique Mejía Godoy, sacó su “Guitarra Armada” con un mensaje de esperanza; “Nada es para siempre, sobreviviremos” es el inicio de una tonada en la que busca sensibilizar sobre el combate del CONVID-19 o coronavirus. Así lo han hecho otros colegas del trovador centroamericano, convirtiéndose en una forma de hacer llevadera el tiempo en casa.

Vale la pena empezar con las palabras de Mejía Godoy; sin embargo, al margen de cuidar nuestras vidas y de quienes nos rodean, no podemos (ni debemos) hacer silencio de como atienden las autoridades correspondientes, el combate de esta pandemia ya mundialmente conocida y de fatales consecuencias.

En un sistema de salud, con autoridades que se precian de colocar dinero en bolsillos ajenos y polvos blancos a quienes demandan una pastilla que calme una fiebre, la reacción ciudadana conlleva duda. Una duda más que razonable, tomando en cuenta que, en el presupuesto anual de la República, el sector salud y educación es inferior al de la Secretaria de Seguridad o Fuerzas Armadas.

Hace un año la plataforma en defensa de la Salud y Educación salió a las calles a exigir la derogación de decretos Presidenciales en Consejo de Ministros (PCM) que desviarían fondos a otros rubros no tan necesarios como fortalecer esos derechos, que hoy más que nunca son tan urgentes para salvaguardar la vida de 9,2 millones de habitantes.

El mismo día que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró pandemia al COVID-19, también el régimen de Juan Orlando Hernández infirmó que había dos casos positivos en Honduras. El 11 de marzo fue el inicio para el descarado abuso de solicitud de dinero, al menos 10 mil 500 millones de lempiras (420 mil dólares), se otorgaron con la aprobación en el Congreso Nacional de la Ley de Aceleración Económica y Protección Social Frente a los Efectos del Coronavirus, y la pretensión de construir 94 centros hospitalarios para atender dichos contagiados, sin embargo la emergencia es hoy.

Los militares y policías son los encargados de vigilar las normas de sanidad, que el pueblo no de movilice cerrando ciudades y negocios. Según economistas, unos 200 millones de lempiras se pierden a diario por que no hay paso en ninguna zona a nivel nacional, excepto el tránsito para productos de primera o urgente necesidad.

Hasta hoy 7 de abril, Honduras ha confirmado 312 casos de COVID-9, de los cuales 22 han fallecido, algunos detectándoles el virus sólo después de la autopsia; y seis casos recuperados. Son 11 departamentos  los infectados con COVID-19 en 11 departamentos, donde las medidas de confinamiento son más estrictas, como las aplicadas en el departamento de Cortés y el municipio de El Progreso, Yoro, en la zona norte del país.

De millón 412 mil 103 personas contagiadas por Coronavirus, se han recuperado 298 mil 389, quienes vuelven entre aplausos a sus comunidades, pero 82, 200 víctimas fallecieron en la soledad y dolor. En algunos casos sumó la indiferencia social y estatal.

No podemos pasar por alto, la palabras emitidas el 18 de marzo  en conferencia de prensa por Hernández, “En Honduras debemos prepararnos para el peor escenario" ¿A qué se refirió el ilegal presidente impuesto por fraude electoral en el año 2017.

Escenarios como en un país amordazado por la dictadura, una patria silenciada por “una mano o virus invisible” que nos remonta a ese final del 2017 o junio del 2009 cuando se ejecutó el golpe de Estado, las nuevas generaciones, los milenials y centenials eran condenadas a no vivir en libertad, por que la bota militar tomaría el poder de las calles, dispondrían quien circula y quién no, manejarían el orden de centros hospitalarios, universidades y hasta el agro nacional.

Tenemos esa advertencia de Hernández, quien “parece no ver” cómo se las tiene que arreglar  el 60 por ciento de la población que vive en paupérrimas condiciones; y debe elegir entre salir a la calle donde lo pueden criminalizar o contagiarse de Coronavirus, o quedarse en casa y morir de hambre.

La dignidad humana está en un riesgo generado por la ineficiencia gubernamental, si se detecta a un sospechoso de COVID-19 será llevado a un gimnasio con catres y colchonetas junto otras personas, a diferencia de la familia presidencial que ha reservado el Hospital Militar. En caso de muerte, no hay derecho a un velorio o sepelio como se acostumbra en nuestra sociedad, estos actos piadosos son restringidos y se ha pedido a los gobiernos locales localizar terrenos aptos para fosas comunes en caso de entierros masivos al rebasar la capacidad local para el manejo de cadáveres.

Se prepara un escenario con olor a muerte, sin haber equipado los centros de atención médica con un botiquín básico que contenga alcohol clínico, guantes, mascarillas o jabón anti bacterial para lavarse las manos en el país donde la industria extractivista se ha robado el agua. Pero de ésta y muchas más ¡Sobreviviremos!