Viernes, Noviembre 22, 2019
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Balas + impunidad = una voz menos

Hace unas horas, este domingo (08 de septiembre), se conmemoró el día internacional para los y las periodistas. 75 años después, realidades de América Latina, evidencian el ejercicio del “Oficio más bello del mundo” como de alto riesgo.

La fecha que recordamos en esta ocasión, es un homenaje al periodista Julius Fucik, de origen checoslovaco y que combatió desde las revistas “Rude Pravo” y “Tvorba” la ocupación nazi. Fue capturado por la Gestapo en abril de 1942, ejecutado un 08 de septiembre de 1943, en prisión.

Hoja por hoja, se fueron compilando lo que después se llampo “Reportajes al pie de la horca”, una serie de textos periodísticos escritos por Fucik mientras estuvo prisionero.

En Honduras, nuevas “Gestapo” se han instaurado para acallar las voces de los y las periodistas. Hace una semana, se registró el asesinato a balazos de Edgar Joel Aguilar. Fue ejecutado en La Entrada, Nueva Arcadia, departamento de Copán, al occidente de Honduras. Desde allí transmitía información a través del canal 6, y presentaba noticias en el local canal 12 Cable Mar TV.

El colega Aguilar, en los años 2012 y 2017, fue víctima de amenazas a muerte. El Comité por la Libre Expresión (C-Libre), así lo registró en su Sistema de Alertas.

Recordar nombres y fechas relacionadas con periodistas, conlleva a ejecuciones para acallar no una voz, sino el mensaje que se transmite a un número de personas en el globo terráqueo, que con las nuevas comunicaciones, rompe cualquier límite ideológico y social.

Es lamentable que en Honduras se registren los más altos índices de asesinatos contra periodistas y comunicadores en países que no están es un conflicto bélico. En la última década a más de 70 trabajadores de la comunicación se les apagó -con armas- su voz y su palabra.

Al finalizar agosto, fue asesinado el tercer periodista en Honduras en lo que va de 2019, mientras cientos de voces son amordazadas por el sistema enemigo de la libertad de expresión.

Las otras víctimas mortales en este año son Leonardo Gabriel Hernández, asesinado en Nacaome, Valle, zona sur del país; y Santiago Carvajal, atacado en Puerto Cortés, Cortés, norte hondureño, en marzo y julio respectivamente.

Agrava la situación la sordera estatal ante más de un centenar de denuncias por atropellos al ejercicio del periodismo, especialmente en coberturas a la protesta social, donde los militares y policías creen adueñarse de la verdad, imponiendo terror con sus armas.

El informe publicado en 2014 por PEN Internacional y su Centro socio en Canadá: “Honduras; Periodismo a la sombra de la impunidad", detalla en sus conclusiones que los actos de violencia contra periodistas “sirven a menudo para silenciar la cobertura como temas de corrupción, el tráfico de drogas y la impunidad”.

De las 79 víctimas que desde 2001 registra el estatal Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH), cuatro ocurrieron entre marzo y julio de 2009, año del golpe de Estado. Mientras que desde 2010 a la fecha, 67 muertes violentas contra periodistas se dieron bajo el mandato del Partido Nacional.

 Suman los asesinatos y amenazas contra periodistas, teniendo como resultado más del 90 por ciento de impunidad que impera en un Sistema Judicial carcomido por la corrupción, desde sectores y estratos que no comulgan con la verdad. Reabriendo la marca que dejaron las violaciones a los derechos humanos en la década de los 80, especialmente en agosto.

 En el tiempo del emperador César Augusto, por quien se dio el nombre al mes de agosto, se agudizó la represión contra quienes hacían periodismo en las catacumbas, en hojas volantes o pasquines adheridos a los muros. Desde esa época pretoriana, han caído asesinados los discípulos del oficio más bello y mortal del mundo, por los intocables.