Viernes, Noviembre 22, 2019
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Adiós Poeta, la Casa queda sola

Roberto Fernández Retamar | Foto: OnCuba

Dirigió en los últimos 33 años, la institución cultural del continente, “Casa de las Américas” y se recordará por ser un estudioso del poeta y Héroe cubano, José Martí, al fundar el Centro de Estudios Martianos, en 1977.

Por: redACCIÓHN
Tegucigalpa
30 de julio 2019


 

La casa cultural tiene un espacio vacío con el fallecimiento, a sus 89 años, del poeta cubano Roberto Fernández Retamar, la tarde del sábado 20 de julio en La Habana, informó el equipo de “Casa de las Américas”, a través de sus redes sociales.

Su muerte, fue sentida por autoridades del gobierno cubano y personajes que conocieron y participaron junto al poeta como “una pérdida irreparable para la cultura cubana”.

 “Querido Roberto, gracias por dejarnos obra, lucidez y compromiso”, es parte de lo escrito por el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en su cuenta de Twitter.

Retamar, nacido en 1930 en La Habana, fue un destacado ensayista, estudioso de la vida y obra del patriota cubano José Martí. Además, como periodista, fue jefe de redacción de revistas como “Alba”, en las que destacó por entrevistar a Ernest Hemingway.

Profesor emérito a nivel universitario, al momento de su muerte fungía como director de “Casa de las Américas” desde 1986.

Una nota publicado en las redes sociales de “Casa de las Américas”, rememoran con su muerte, las palabras que le fueron dedicadas para Haydeé Santamaría, y su fundadora y directora desde 1959 hasta su muerte, en 1980.

Por decisión familiar, la prensa local aseguró que el cuerpo del intelectual latinoamericano sería cremado y sus cenizas lanzadas al mar.

Su trayectoria

A mediados de los años cuarenta, producía y dirigía revistas bajo contenido cultural. Una de ellas fue “Alba” de 1947 a 1948. Luego colaboró con la revista Orígenes desde 1951 y entre 1959 a 1960, fue director de la Nueva Revista Cubana.

Fue secretario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) entre 1961 y 1964, espacio en el que fundó en 1962 junto a Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y José Rodríguez Feo, la revista Unión hasta 1964.

Un año después, en 1965, empezó a dirigir la revista “Casa” órgano de la Casa de las Américas, institución que además presidió desde 1986 hasta su fallecimiento.

Como un apasionado lector y difusor del pensamiento de José Martí, fundo en 1977 el Centro de Estudios Martianos y su Anuario.

Profesor universitario desde 1955, conferencista y representante de las letras cubanas en reuniones culturales de América, Europa y Japón. Desde 1995 es miembro de la Academia Cubana de la Lengua, que dirigió entre 2008 y 2012, y miembro correspondiente de la Real Academia Española.

Roberto Fernández Retamar, autor de numerosas publicaciones de poesía y ensayo. Se dio a conocer con “Elegía como un himno” en 1950. De igual forma “Calibán”, ensayo publicado en 1971, considerado uno de los más importantes textos ensayísticos de la literatura y lengua española del siglo XX.

Libros suyos en prosa y verso, traducidos, se publicaron en Alemania, Brasil, Bulgaria, Checoslovaquia, Corea, Estados Unidos, Francia, Galicia, Grecia, Italia, Jamaica, Polonia y Portugal, entre otros países, de acuerdo con una reseña publicada en el portal Cubaliteraria.

Reconocido con distinciones tales como  el Premio Nacional de Literatura (1989); Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío (1980), en Nicaragua; La Medalla Oficial de la Orden de las Artes y las Letras (1994), en Francia, entre otros.

El pintor Mariano Rodriguez, la fundadora de "Casa de las Américas" Haydeé Santamaría y Roberto Fernández Retamar, en la inauguración del Premio 1978. Foto: Cubadebate

 

En su escrito a raíz de la muerte del intelectual cubano, rememoró las palabras para su fundadora y primera directora, Haydeé Santamaría, al momento de su muerte, en 1980. La que “se transparenta la escritura de Roberto”, dice el texto que textualmente reproducimos:

“Es necesario decir que estará con nosotros, en nosotros… Pero desde ahora somos más pobres, aunque nos acompaña para siempre el honor de haber trabajado bajo su guía, bajo su aliento, que seguimos sintiendo, orgullosos y entrañablemente conmovidos, a nuestro lado”.

Falleció cinco días antes de la conmemoración del Asalto al Cuartel Moncada (el 26 de julio), en Santiago de Cuba en su dónde participó Haydeé Santamaría, quien en 1959 fundara “Casa de las Américas”.

El vacío del poeta suma a la partida de Haydeé y la casa se queda sola. Pero, como dijo la institución cultural, tras la muerte de su fundadora, tiene la misma carga emocional y un homenaje a Retamar.

“Las hacemos nuestras para ti, en este momento de infinita tristeza, querido Roberto”, cierra el texto de “Casa de las Américas”.

Con información de Cubadebate y Sputnik.

Tiempo de los amantes

 

Los amantes tienen un poco de presente,

Hecho de encuentros furtivos, de llamadas azarosas;

y hasta pueden tener una especie de pasado,

intercambiándose a retazos nostalgias del uno o del otro,

ráfagas de la infancia, un sitio roto, una ruina que fue una casa.

 

Lo que apenas tienen los amantes es porvenir.

Y por eso la dama del perrito se irrita o solloza

           silenciosamente junto a la lampara,

Porque sabe que no puede alimentarse de esa sustancia

Impalpable

Sin la cual la vida es como una danza grotesca,

Aunque la iluminen los relámpagos de los besos y la sacudan

tempestades reales.

 

Felices los normales

                                                                                                                                                 A: Antonia Eiriz

 

Felices los normales, esos seres extraños.

Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,

Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,

Los que no han sido calcinados por un amor devorante,

Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,

Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,

Los satisfechos, los gordos, los lindos,

Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,

Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,

Los flautistas acompañados por ratones,

Los vendedores y sus compradores,

Los caballeros ligeramente sobrehumanos,

Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,

Los delicados, los sensatos, los finos,

Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.

Felices las aves, el estiércol, las piedras.

Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,

Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan

Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos

Que sus padres y más delincuentes que sus hijos

Y más devorados por amores calcinantes.

Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.