Domingo, Abril 05, 2020
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Los 40 años del asesinato de Monseñor Romero en Cuarentena

Foto | Cesario Padilla

En el encierro, pero no en el olvido, así se conmemoró el 40 aniversario de San Romero de América, cuando el mundo está confinado por un virus invisible que ha cobrado en este año más de 18,700 vidas y 417,000 contagio en 185 países

Por: redACCIÓHN
Tegucigalpa/ San Salvador
24 de marzo, 2020


Cada 24 de marzo, se reafirma un fragmento del cantautor venezolano Alí Primera. “El pueblo salvadoreño tiene el cielo por sombrero…” Y con la mirada en alto se viene el recuerdo de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Gáldamez, en el aniversario 40 de su asesinato.

Este 2020, en el encierro para evitar la propagación del Covid-19 o Coronavirus, hubo una pausa en el tiempo para recordar el rostro de poca risa, sus anteojos y sotana negra. Su hermandad con el pueblo, tras ser nombrado Arzobispo de San Salvador, en febrero de 1977.

La organización School of the Americas Watch (SOA-W), con sede en los Estados Unidos, recordó con uno de sus pensamientos al “San Romero de América” como se la conocido popularmente al sacerdote antimilitarita:


“… si realmente queremos un fin a la violencia debemos eliminar la violencia que está en la raíz de toda violencia: violencia estructural, injusticia social, exclusión de los ciudadanos de la gestión del país, represión. Todo esto es lo que constituye la causa primordial, de la cual el resto fluye naturalmente”.


Por su parte, un grupo de organizaciones de derechos humanos locales junto al Centro por la Justicia y el derecho Internacional (CEJIL), mediante un comunicado recordaron al Estado salvadoreño su obligación de cumplir íntegramente las resoluciones del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), emitida en el año 2000.

“Es necesario para El Salvador obtener justicia en este caso y otros graves cometidos durante el conflicto armado, lo que será un signo y muestra de voluntad del Estado en buscar una verdadera reconciliación en la sociedad”, puntualizaron las organizaciones.

Mi hermano Romero

Desde San Salvador, horas antes de este 24 de marzo, Fray René Flores, ya tenía listas sus palabras dedicadas a Monseñor Romero, el santo del “pulgarcito centroamericano”.

“Es desde su asesinato, planeado por el grupo de poder económico, político y militar, que una gran cantidad del pueblo latinoamericano y de otros continentes, le tienen devoción, ternura y valoración”, es parte de su texto, que se publicó de forma íntegra en las reACCIONES de este medio.

En este 2020, a criterio de Flores, Monseñor Romero sigue siendo modelo en la lucha por un mundo “más humano, justo y equitativo”. Hermanado en la fe cristiana, el martirio de Romero, fue causado “por defender y amar hasta el extremo a las mayorías empobrecidas, y al pueblo organizado en defensa de la justicia”.

En cuarentena

Ningún encierro obligado por pandemias invisibles o armadas han logrado desvanecer la memoria de San Romero, si bien, en el 2018 la Iglesia Católica lo declaró santo, título que ya poseía en el corazón del pueblo, no se puede encerrar la exigencia de justicia y verdad, deuda que el Estado no ha querido pagar.

No hubo festejo público, la iglesia salvadoreña, ante la noticia de la pronta beatificación del Padre Rutilio Grande antecesor de Monseñor Romero en la lucha por la liberación del pueblo, declaró año jubilar en 2020. Ambos martirios se dieron el 12 de marzo de 1977 y el 24 de marzo de 1980, respectivamente.

Por lo que en esta cuarentena obligada, vuelven las palabras del Profeta a decir "No hay derecho para estar triste" parafraseando su homilía del 20 de mayo de 1979, cuando su búsqueda de justicia social lo hacía enfrentarse a poderes fácticos.

Hoy su casa (museo) en el Hospitalito de la Divina Misericordia y la tumba en Catedral estuvieron casi vacías, pero las velas iluminando su imagen estaban en los hogares del mundo, donde lo veneran. El encierro hizo que su luz se propagara en medio de la incertidumbre uniendo a las familias, especialmente salvadoreñas.

En estas cuatro décadas se mantiene viva la memoria del Arzobispo de San Salvador, pese a que hubo escépticos como Jon Sobrino, sj, que no lo creía capaz de velar por los pobres, pero el dia que asesinaron a su amigo “padre Tilo”, cambió de opinión. "Afortunadamente todos nos equivocamos" escribió en el texto Monseñor Romero.

Y fue ese amor de ver ejecutado a Tilo, que lo hizo amar la lucha social. Así lo describe la escritora María López Vigil, en el libro Piezas para un retrato, que a su vez plasma las palabras de Ernestina Rivera:

“Era medianoche cuándo llegó Monseñor Romero a verlo muerto... Y en el modo de mirarlo se echaba de ver cuánto lo amaba él también".

Celebras los 40 años de martirio de Monseñor Romero en cuarentena, hace que el pueblo extrañe visitar al amigo, ir de dejar flores a su tumba, conversar con el mundo, pero el mundo guarda silencio. Y se vale rescatar esa amistad de Romero y Grande, que pese a las distancias y diferencia de ideas nunca permitieron la lejanía.

El padre Tilo era un amigo, era amigo de los obispos, pero "con el obispo auxiliar se llevó muy bien. Él Organizó la consagración episcopal de monseñor Óscar A. Romero" siempre se mantuvieron en contacto, mediante cartas, y de manera especial en fechas importantes para el Obispo. Hasta Ecuador, Romero le respondió una misiva "Usted se impuso junto con los buenos amigos seglares para lograr aquella inolvidable liturgia en la que Ud. fue el alma", el 22 de junio de 1972, según detalla Rodolfo Cardenal, sj, en el libro "Rutilio Grande" (la primera edición fue anónima en 1978, con sello y firma de Mons. Romero, al cumplirse un año del asesinado de Rutilio).

En la actualidad son diversos los medios para expresar al mundo que aún no hay justicia, la sangre de San Romero de América exige germinar para que los pueblos sean libres, sin miedo a enfermedades que dejan en evidencia a la corrupción de los Estados, que invierten más en armas que en salud y educación.

La voz de Romero se escucha en los defensores de los bienes comunes de la naturaleza, líderes eclesiales de base criminalizados, campesinos sin tierras, indígenas desplazados, mujeres violentadas, en contraste a una iglesia muda ante el poder , políticos mezquinos y empresarios avorazados.