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Ni criminal ni delincuente: “Mi hijo era un estudiante nada más”

La causa de que su hijo Róger fuera desaparecido por las fuerzas represivas del Estado es clara “solo por pensar distinto, por reclamar cosas que los jóvenes reclaman verdad, pero bueno…”, dijo acompañado de un suspiro

Por: redACCIÓHN

Tegucigalpa

29 de junio, 2019


“¿Dónde está doña Elvia? Quiero entregarle algo que le ando de Róger”, preguntó el maestro Sergio Rivera junto a Osman Montecinos, durante un Foro de Memoria, en el marco de la Semana Internacional del Detenido Desaparecido, a finales de mayo en la capital.

Ambos, líderes estudiantiles durante los años 80, buscaban a Elvia Cristina Zelaya, madre de Róger Samuel González Zelaya, también dirigente estudiantil desaparecido el 19 de abril de 1988.

En la segunda fila, del lado izquierdo, estaba doña Elvia y sus 31 años de justicia negada. Sergio y Osman, conocido por sus compañeros como “El Chele” se acercaron y entregaron un recuadro con el rostro de Roger y una leyenda. Le siguió una corta plática, en cada palabra ella abrazaba con firmeza el homenaje en físico.

redACCIOHN, junto a dos colegas más, comenzamos la conversación con una sobreviviente de la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN). Su problema en los oídos no fueron un obstáculo para que relatara la justicia negada.

Sosteniendo el recuerdo expresó “Ellos siempre me dan, yo los guardo, en la pared los tengo” y sale una sonrisa de sus labios.

Del lugar donde participaba doña Elvia, se encuentra a unos 500 metros del centro de Tegucigalpa, lugar en el cual por última vez vieron a su hijo. “Me quedé esperándolo, nunca llegó a la casa”.

Róger Samuel González Zelaya, de 24 años, era alumno del Instituto Técnico de Administración de Empresas (INTAE) y militaba en la Federación de Estudiantes de Segunda Enseñanza “Carlos Virgilio Zúniga” (FESE- CVZ). Asimismo, trabajaba en la Corporación Hondureña de Desarrollo Forestal (CODEFHOR).

La última vez que vieron con vida a Roger fue el 19 de abril, frente al edificio Midence Soto, de acuerdo a testigos.

Mis manos envejecen

tocando portones insensibles

que me ofrecen silencios por respuesta...

Este es un fragmento del poema “¿Dónde estás Roger? Escrito por doña Elvia Zelaya. Un desahogo en verso que persiste en estas tres décadas del desaparecimiento de su hijo. “Usted sabe que un hijo todos los días lo recuerda, a cada momento”.

Esos “silencios por respuesta” que recibía de la Fuerza de seguridad Pública (FUSEP), el Batallón 3-16 y demás fuerzas contrainsurgentes, bajo el gobierno de José Azcona del Hoyo, llevaron a que doña Elvia realizara por más de 23 días una huelga de hambre, en el parque central de Tegucigalpa, exactamente en la escalinata donde se ubica la estatua de Francisco Morazán.

“Era muy triste para mí, muy duro estar en una huelga de hambre”, contó Zelaya, eso le provocó una gastritis. ¿Usted sabe lo que es solo estar tomando agua para ver si me lo entregaban? amplió Elvia Zelaya.

La causa de que su hijo Roger fuera desaparecido por las fuerzas represivas del Estado es clara “solo por pensar distinto, por reclamar cosas que los jóvenes reclaman verdad, pero bueno…”, dijo acompañado de un suspiro.

Róger era de los que nunca le decía nada acerca de sus actividades en el movimiento estudiantil y popular en aquellos años. El 07 de abril, 12 días antes de su detención y posterior desaparición forzada, participó en la acción contra la Embajada de los Estados Unidos en Tegucigalpa.

Como madre, doña Elvia le decía que se alejara “de esas cosas” ¿Qué voy a hacer si te pasa algo?

“Mi hijo no era ningún criminal, ningún ladrón, mi hijo era un estudiante y nada más”. Sobre los culpables, sabe quiénes son, pero los años parecen respaldar la impunidad y ante ello doña Elvia, de aproximadamente 60 años se pregunta ¿Qué va a hacer uno?

Esperó, aún espera, y vuelve a recordar la huelga de hambre que encabezó por 23 días en 1988 “Anantes aguanté y aquí estoy”.

El evento organizado por el Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) prosiguió, y ella se quedó con un nuevo recuerdo, como un homenaje a su hijo. Doña Elvia Cristina Zelaya continua con su lengua “pegada al paladar, de tanto repetir tu nombre al viento”: El nombre de Roger Samuel González Zelaya.