Viernes, Noviembre 22, 2019
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Conversar en la Universidad con la autonomía mutilada

“Vamos viejo, acompañáme”, le digo a mi padre, una noche antes, luego de recibir la invitación para un conversatorio con estudiantes de la Escuela de Periodismo, en la Universidad Nacional -herida en su autonomía-

Por: Cesario Padilla
Tegucigalpa
13 de septiembre, 2019


“Cómo da vueltas la vida, ayer vos te sentabas mientras yo daba clases, hoy soy quien va a escucharte”, comenta Félix Cesario, mi padre, mi colega y compañero.

Al ingresar por la entrada vehicular de la Universidad Nacional Autonoma de Honduras, mi padre pide que lo deje frente al edificio que actualmente ocupa la Editorial Universitaria. El reloj marca las 09:30 de la mañana del jueves 12 de septiembre.

Yo comienzo –solo- mi trayecto, inundado de recuerdos.

Quedaban un poco más de dos horas para iniciar el conversatorio sobre la situación actual del periodismo en Honduras. Caminando hacia el edificio J1 (antes CB) llegué a las instalaciones de mi escuela primaria.

En el camino de regreso, vi la pinta hecha por algún estudiante, con una frase del presidente chileno Salvador Allende (asesinado en 1973 por la dictadura militar) en la plazoleta del edificio en mención: “Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”.

El CB lleva el nombre de Juan Almendarez Bonilla, ex rector universitario entre 1979 a 1982. Curiosamente, en el Auditorio Central, este digno personaje diserta sobre “Perspectivas de la Autonomía Universitaria”; un foro convocado por estudiantes de la carrera de Trabajo Social. Me quedo a escucharlo.

Fiel a sus principios, sigue condenando la criminalización que impera hacia los y las estudiantes de la UNAH, cuya autonomía carece de una defensa sin límites por parte de sus autoridades.

“Si permiten la judicialización, no puede ser esta una universidad autónoma”, expresa y agrega que “una universidad que funciona en un país militarizado por los Estados Unidos” es la definición del ex rector.

Fue precisamente a mediados de 1982, cuando la presión del entonces embajador estadounidense, John Dimitri Negroponte, le impidió la reelección como autoridad de la máxima Casa de Estudios; abriendo paso a la instauración –por la fuerza- de Oswaldo Ramos Soto.

Dentro de la concurrencia, hay empleados de la UNAH, convertidos en una especie de “orejas”, como se conocían a los agentes de inteligencia militar en los años 80. Uno de ellos, no deja su teléfono celular, lo conozco y me conoce. Seguro cumpliendo órdenes de su jefe, un vicerrector (otrora dirigente sindical).

Se me es inevitable recordar aquellos dos procesos penales (2015 y 2016) con orden de captura. La expulsión de diciembre de 2014 y la condena del 07 de junio de 2017. “Todo está guardado en la memoria”. Esto ante las órdenes gestadas por Julieta Castellanos y un grupo de seres pusilánimes, ahora escondidos del escarnio público.

“Golpe a golpe, verso a verso”

 A las 11 de la mañana salgo del Auditorio, a sólo una hora para el conversatorio que fui invitado. Es momento de llamar al viejo para la pregunta que nos caracterizó en sus últimos años en la docencia universitaria

             - ¿Dónde nos vemos?

No vamos reencontrar en la entrada al edificio F1 (antes 4A, como nos encanta llamarlo). Llegamos a ese pequeño parque, dividido por una rampa de cemento que conduce hacia el interior de donde funciona la carrera de periodismo.

Pareciera que los árboles –que aún sobreviven- conversan con nosotros, testigos fieles del estirón de sus ramas y la sombra que hoy proyectan a quienes buscan un momento de descanso, tras una jornada en las aulas universitarias.

Junto a mi padre, en el jardín de uno de los edificios de la UNAH, en 1997. Foto: Jorge Luis Oviedo

Preguntamos por “Marquitos” Aguilar y “Julito” Zavala, por los poeta (Santos Paulino) Escalante y Rafael Rivera, por Fosy Bendeck. La muerte no nos quiso responder.

¿Te acordás de los (árboles de) Guayabo? me hacen falta, le digo a mi padre. Él acostumbró a grabar el nombre de sus hijos, nietos y hasta una frase corta en la corteza. Ambos nos unimos en un estribillo del poema de Antonio Machado, musicalizado por Joan Manuel Serrat:

“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, camino sobre la mar…”.

Faltaba poco para compartir con los y las estudiantes de un lugar que fue mi segunda casa, la escuela de Periodismo. “Golpe a Golpe, verso a verso” vamos andando junto al viejo y comenzamos a saludar y platicar con maestros, compañeros y compañeras que laboran en el edificio.

Ya junto a los colegas César Silva y Wendy Funes, cada uno recuerda sus días en las aulas de ese 4-A, nos alistamos para compartir experiencias.

Luego de una presentación sobre nuestros perfiles, comienzan las preguntas generadoras de opinión. Siempre estuvimos de acuerdo en un pensamiento y línea de acción, enfrenar el miedo nuestro de cada día.

Las preguntas generadoras ¿Retos de la nueva generación? ¿Qué peligros identificamos?, hablamos de las nuevas tecnologías y como las usan desde el poder y como pueden ser de nosotros auxiliares de la información. La nota roja y la cobertura de ciertos medios de comunicación.

Hemos pasado una hora en el conversatorio, los y las futuras periodistas que impulsan un proceso de elecciones estudiantiles, nos piden tomar fotografías para el recuerdo, la despedida entre nosotros y, tomar “vientos campos y caminos”, referenciando la canción de Alberto Cortez, con la voz de facundo Cabral.

El Viejo y yo, volvimos a retomar el camino, y con café en mano, nos sentamos en una de las largas bancas, cerca del edifico de Ciencias Jurídicas.

“Recuerdo que íbamos caminando con Eduardo (Becerra Lanza) y Félix Martínez, antes que los desaparecieran a ellos. Oswaldo nos señaló como diciendo ustedes siguen”, recordó.

Nos subimos al carro y salimos con dirección al descanso de mi padre para terminar esa jornada juntos. Atrás quedaba la UNAH convertida en un niño triste, extendiendo su brazo y agitando su mano se despedía...

Nosotros le dijimos adiós…